EDITORIAL. El compromís de Joan Ribó

En valenciano solemos exclamar quin compromís! cuando nos vemos inmersos en un asunto de complicada resolución. Y ese es el caso Joan Ribó, quien, con toda probabilidad, acabará convirtiéndose en alcalde del Cap i casal. Como recordarán, la lista que encabezaba el eco-socialista, ha conseguido nueve concejales –superada por el PP con 10 regidores y por 10.000 votos de diferencia-, lo que le permitiría obtener la vara de mando de llegar a pactos de gobierno, de legislatura o puntuales con otros partidos del hemiciclo valentino. De momento, el cabeza de lista de Valéncia en comú -la formación emparentada con Podemos-, Jordi Peris ya ha anunciado el apoyo de sus 3 concejales a Ribó; por tanto, el de Manresa ya contaría con 12 votos para su investidura. En frente tendrá seguro a los munícipes del PP, con 10 concejales y por confirmar todavía si finalmente Rita Barberá tomará posesión o no de su acta municipal, y a los 6 de Ciudadanos que ya ha calificado con algún epíteto, tal vez desmedido, a la formación naranja. Por tanto, quedaría por desojar la margarita el PSPV-PSOE de Joan Calabuig.

Los socialdemócratas, a pesar de haber obtenido sus peores resultados en la ciudad (por primera vez por debajo del 15% de los votos y solo 5 concejales), se erigen en verdaderos jueces de la cuestión, ya que Ribó los necesita sumar a los 12 que ya atesora para con 17 superar a los 16 de la suma conservadora. Y eso que la misma noche electoral se daba por hecho que Ribó sería alcalde con el apoyo del PSPV-PSOE. Pero a Calabuig le deben haber hecho una escolteta desde Blanquería, para apretar en la negociación que lleve a Ximo Puig -a pesar de la pérdida de más de 300.000 votos respecto las elecciones de hace solo ocho años- a la presidencia del Consell.

En cualquier caso, de ser Ribó elegido alcalde, no solo deberá tener un programa de gobierno que satisfaga a Valéncia en comú y PSPV-PSOE, si no que además deberá tener en cuenta que lo será, por solo un voto de diferencia. Deberá no cometer los errores de alcaldes anteriores que obviaban -cuando no despreciaban directamente- la opinión de la oposición. Esa representación en el hemiciclo municipal visualiza el pensar del votante, de la calle, y tampoco debe gobernar de espaldas a ellos. Si tiene altura de miras y desea pasar a la historia como un buen alcalde, debe favorecer el acuerdo que otros le negaban a su propia formación, y que sus acciones de gobierno no sean “frentistas” o que contribuyan a la crispación, antes al contrario, deben ser consensuadas y de amplios acuerdos a ser posible. La ciudad de Valencia, se lo agradecerá.