El síndrome del profesional inútil con sentido común

Las vacaciones de navidad, y sobre todo los primeros días del año, son fechas en la que hacemos balance de nuestra vida, sobre lo que hemos conseguido y sobre todo, evaluamos nuestro desarrollo profesional… y a menudo no nos gusta el panorama.

No estamos contentos con cómo ha evolucionado nuestra carrera, con la escasa capacidad para tomar decisiones que tenemos o el salario… y aunque nos desagrada la situación asumimos que las cosas son así, que poco se puede hacer.

En nuestro fuero interno albergamos desde hace años la inquietud de montar nuestro propio negocio, dedicarnos a lo que realmente no gusta o ser nuestro propio jefe… pero creemos que no podemos. Que realmente tantos años de trabajo por cuenta ajena nos han “oxidado”, que no tenemos demasiado que ofrecer, sobre todo en comparación con profesiones más fácilmente “monetizables”, como un abogado, diseñador, médico, programador…etc.

Es lo que yo llamo el síndrome del profesional inútil, y que he podido constatar en múltiples ocasiones a lo largo de mi vida: se trata de una creencia que poco a poco se instala en nosotros y que nos lleva a creer que, aunque seamos más o menos buenos en nuestro trabajo, realmente es algo que puede hacer cualquiera. Que sólo hace falta algo de “sentido común” y “mano izquierda”.  Que tratar con clientes, proveedores u otras personas no es muy difícil y que no sabemos tanto de nada “útil”.

Yo mismo lo sentí hace muchos años cuando dejé mi puesto de dirección en una gran multinacional: sí, sabía de gestión, de estrategia, de llevar personas… pero básicamente era sentido común. ¿Cómo alguien iba a pagar por ello?. Y desde entonces muchos profesionales que trabajaban por cuenta ajena se han acercado a mi y han compartido sus miedos, iguales a los míos de entonces, que si sólo tienen sentido común, que si realmente no saben de nada de lo que haya demanda en el mercado…etc. El famoso “síndrome del profesional inútil con sentido común”.

Pero en esa ecuación falta comprender lo valioso de nuestra experiencia, el valor del “Sentido común”. Porque el sentido común, aunque todos partimos con más o menos al nacer, es algo que se desarrolla en base a unas experiencias, habilidades y conocimientos únicos que adquirimos a lo largo de nuestra carrera… y que aunque nosotros no apreciamos son extremadamente valiosos. 

Seguro que ya conocen la historia del ingeniero jubilado, al que llaman tras unos años en el retiro. La empresa había intentado por todos los medios arreglar una carísima máquina pero no había sido posible, y deciden llamarlo: tras un rato observando la máquina, saca una tuerca del bolsillo, la pone, la aprieta… y la máquina empieza a funcionar a la perfección. El director de la empresa, muy agradecido, le dice que le pagará lo que sea, así que el ingeniero le presenta una factura por 6.000€. El director algo apurado le dice que perfecto, que está dispuesto a pagarla, pero que necesita mayor detalle… así que el ingeniero la desglosa así: 

  • Una tuerca: 0,10€
  • Saber qué tuerca había que poner: 5.999,90€

¿Sentido común?