¿Aficionada o clienta?

La identidad de un pueblo tiene un componente romántico que enfrenta sentimientos con lógicas mercantiles y aunque en ocasiones el individuo antepone intereses económicos a sueños utópicos, hay parcelas en las que
mantener la ilusión y la emoción de adolescente debería predominar frente a la practicidad de asegurar un futuro.

El psicoanalista estadounidense Erik Erikson aseguraba que para alcanzar un buen nivel de autoestima se debe, antes que nada, descubrir la propia identidad y yo añado “descubrirla, cultivarla y abonarla”. La autoestima del
levantinismo ha estado a niveles muy bajos durante muchísimos años y ahora que la regularidad parece haberse instalado, en el club surgen las dudas sobre el mantenimiento de la propiedad.

Es cierto que la primera reacción como aficionada en el estadio es que el equipo gane, quiero ver buen fútbol, que se metan goles, que los medios de comunicación se hagan eco de nuestros logros, que los futbolistas sean buenas personas, guapos, amables,… quiero que nos quieran. Pero ese Orgullo Granota que hemos cultivado y abonado incluso en las peores campañas; ese Orgullo que hemos dibujado poco a poco en el imaginario colectivo; ese Orgullo que te lleva a estadio, que te engancha al equipo, que te hace pasar del sufrimiento a la euforia, de las lagrimas dolorosas a la más grande de tus sonrisas….ese Orgullo Granota es la identidad de un pueblo, un pueblo que apenas traspasa las fronteras de la Comunitat Valenciana, pero un pueblo con alma.

¿Hace falta vender el alma?. Dicen las “sagradas escrituras” que el demonio miente siempre, que dice aquello que quieres oír para encandilar. No estoy haciendo comparativas pero la entrada de capital extranjero en el Levante UD no asegura el éxito en las campañas – aunque prometan grandes fichajes- y por contra en una hipotética venta estaríamos perdiendo el alma, la identidad y el Orgullo de un pueblo. Otros Clubs – Sociedades Anónimas o no- lo han hecho, y sus seguidores dicen mantener el sentimiento aún comportándose como clientes. Perdonen pero no lo creo, quítense el antifaz y vean que si el dueño es americano, ruso o chino lo de menos es el escudo de la camiseta, los intereses serán americanos, rusos o chinos.

La sabiduría popular dice que uno puede cambiar de todo menos de equipo de fútbol, pero eso es cuando este “opio del pueblo” te atrapa y te envuelve. Si perdemos la complicidad y la identidad perdemos la magia. Esta semana es
decisiva para el Levante UD y para el levantinismo, en las manos de la Fundación está el futuro de ese alma de aficionada que desde los pozos más oscuros ha visto emerger al equipo. A ellos fiamos nuestra suerte, porque para
ello nos representan.

Bueno, eso si todo este revuelo no es solo una campaña de marketing para afianzar y multiplicar el Orgullo Granota, claro.