Bares, tiendas y playas a tope mientras crece la pobreza

Jesús Montesinos

Restauradores de la costa valenciana calculan que este verano facturarán un veinte por ciento más que el año pasado. Bares, chiringuitos y todo negocio que tenga que ver con el ocio están a tope. La gente se ha puesto a gastar. Pero mientras tanto el Comité Económico y Social de la Comunidad Valenciana anuncia que un tercio de la población está en riesgo de pobreza y exclusión social. ¿Estamos locos?

El fenómeno se ve venir desde hace años provocado por el desmembramiento de la clase media. Hay un segmento de esa clase media que tiene trabajo o recursos (no que tengan patrimonio, que eso sirve para poco) y que después de unos años angustiosos ha decidido disfrutar del consumo. Y otro segmento que está en el abismo y engorda sin posibilidades de retorno el grupo de marginados, con mayor o menor intensidad.

Los bares, los chiringuitos y restaurantes del Postiguet, San Vicente, Javea, Denia, la Malvarrosa, Benicássim o Canet están a tope los fines de semana. Y no son turistas quienes abarrotan la noche. Son nativos que los últimos años apenas apostaban por las tres P (pipas, paseo y playa). Le han perdido el miedo a la crisis y han decidido que ya está bien. Ganan un sueldo y se lo gastan.

Pero también están a tope las tiendas de la calle Colón en Valencia, Maisonave en alicante o Centros Comerciales de cualquier capital. Bien es cierto que son las franquicias las que hacen el agosto en julio a cuenta de las rebajas, pero nadie esperaba esta resurrección del consumo. La gente incluso vuelve a gastar lo que no tiene.

Pero al mismo tiempo el CES confirma que un tercio de la población valenciana está en riesgo de pobreza o exclusión social. Y además, según Euroestat, tenemos una de las tasas de riesgo de pobreza monetaria más alta de España ( 23,8 %). Mientras una parte importante de la Comunidad Valenciana se lanza al consumo otra parte apenas tiene para dar de comer a sus hijos y obliga a decisiones extremas por parte de los ayuntamientos para mantener abiertos los comedores escolares.

Ya he comentado varias veces el libro El Fin de la clase media de los italianos Massimo Goggi y Edoardo Narduzzi en Lengua de Trapo (http://www.lenguadetrapo.com/00022-DE-ficha.html ). Este libro resulta uno de los análisis más certeros sobre lo que la crisis ha provocado en las clases medias europeas, subdivididas en grupos que se adaptan cómo pueden a la nueva situación.

Por arriba quedan una aristocracia y una tecnocracia con gran capacidad económica. Al medio subdivisiones de la clase media histórica, donde caben funcionarios, empleados cualificados, propietarios de grandes patrimonios devaluados, comerciantes y profesionales de sectores con demanda. Y definitivamente en el segmento excluyente quedan los parados sin formación, grupos de pensionistas y aquellos que no tienen una cualificación para ocupar un espacio en la demanda laboral.

El informe del CES demuestra que este hecho ya está consumado, con un difícil retorno a la situación anterior. Las clases medias en la Europa del Sur están rotas, mientras crecen exponencialmente en los países BRICS. Lo malo es que resulta imposible reintegrar a ese tercio de personas excluidas a los ritmos de vida anteriores a la crisis.

Porque la solución no viene de medidas de beneficencia por parte de la administración, como demanda la izquierda, desde el PSOE de Pedro Sanchez hasta el Podemos de Pablo Iglesias. No hay bastantes recursos en el Estado para mantener tantos millones de personas. Esos anuncios contra la desigualdad son pura demagogia. Ni tampoco viene de negar el hecho, como hace el PP de Mariano Rajoy, apoyando la tesis de una recuperación económica que solo afecta a dos partes de la población Española.

El grupo excluido lo está por un cambio del paradigma. Hemos pasado de la sociedad de la igualdad a la sociedad de las oportunidades y quien no apueste estudiando, trabajando, formándose (etc) queda fuera del mapa tenga 25 años o 60, hombre o mujer, en un pueblo o en la ciudad. Aunque crece la responsabilidad de cada uno para asumir las opciones de su vida, algo habrá que hacer para que todos podamos ir al chiringuito. ¿Alguien tiene respuestas coherentes y realizables?

 

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