POPULISMO o el canto de las sirenas

William Vansteenberghe, Experto en Inmigración. Aquarius, el frio cortante de las olasWilliam Vansteenberghe, Experto en Inmigración, Aquarius, el frio cortante de las olas

Todos parecen extrañarse de que vuelva a florecer las hiedras de antaño, las que antes de que se colorease los negativos, teníamos fijados en documentales acelerados en blanco y negro.
Los populismos han vuelto, pero sin canotier sobre el cráneo de los mismos ignorantes.
-No olvidemos que el que repite ignorancia corre el riesgo de ser tildado de imbécil.-

Si hacemos caso a la RAE, populismo significa: “Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”.
Viene a incluir a todos los partidos en esta triste época en la cual no está de moda la lucha de clase, siquiera la palabra pueblo es de uso común desde que la revolución liberal de los años 80 del siglo pasado, lo quiso dividir todo al tamaño del individuo, con la falaz intención de evitar toda resistencia grupal.

La pena es que los diccionarios no te expliquen los porqués o el cómo. Y sobre todo el para qué quieren los miembros de esta tendencia política atraerse los favores del Pueblo aterrado.
En su escasa definición radica el mismo peligro de esta tendencia política, que le permite enraizarse tanto en suelo a la izquierda como en el opuesto, a la derecha.

Algunos se lanzan la ardua tarea de definir lo que debe tener un partido para ser agasajado por la tan denostada palabreja:
Debe de gozar de un líder carismático y atrayente para las masas.
Rearmar al Estado, como fuente de orgullo y de pertenencia,
Reducir el papel del individuo a menudo a su mínima expresión para con ello insertarlo de forma anónima en el Pueblo.
Ir en contra de toda imagen relacionada con la simbólica democrática

Y finalmente, presentarse como la única solución posible.

Hasta estas aclaraciones tienden a demostrar lo vago de la definición, ya que bajo estos parámetros, los expertos agrupan, desde los líderes socialistas rusos, donde se acuña por primera vez el término, a Roosevelt y a John Kennedy, como baluartes de revoluciones populistas progresistas. Hasta la iglesia abunda en el término popular, desde la teología de la liberación, identificándose con el Pueblo, que en este caso se significa en las personas dejadas aparte, los que carecen de todo, hasta de derechos.

Pero asimismo aparecen figuras que cumplen perfectamente este criterio difuso como Ronald Reagan con su revolución populista conservadora, Trump, Putin, Erdogán, Perón y su mujer Evita, y casi todos los gobiernos en la Argentina, sin olvidarnos de la toda poderosa República Popular China, máximo ejemplo de todo por el Pueblo, pero sin su voz.

Está claro que el populismo es la reducción a la obediencia del Pueblo a lo que el líder decide y propone, o sea la respuesta del Nacionalismo a una época donde el Estado no es capaz de cumplir con sus compromisos con ese mismo Pueblo a la hora de proponer soluciones eficaces a las crisis que afectan a una sociedad compleja. En este mismo hecho radica que las ofertas de partidos minoritarios por el extremismo de sus propuestas, empiecen a ser tomados en serio por su mensaje reductor, pero aparentemente cargado de seguridad hacia un futuro por comprobar.

Estos mensajes por simplificadores, aparecen cargados de sencillez, pero esconden un ataque directo a la participación diversa que permite la democracia bien aplicada, victimiza a la individualidad, a los grupos que no quieren pertenecer a esta visión reductora del Pueblo, que al ser uno, indivisible e indiscutible, se transforma rápidamente en un dogma en la boca del líder que habla por él pero sin él, es el entreguismo por parte de ese mismo Pueblo, a un Páter familias, que tomará las decisiones de forma indefectiblemente reductoras, ya que está el solo en la cúspide, para millones de personas que tienen sus propias ideas y que solo un proceso de crisis y de miedo colectivo ha transformado en un solo hombre ignorante y timorato.

El pasado fuente inagotable de sabiduría nos recuerda que el populismo entronca con la última época de la República romana, o el Factio popularium, cuyo objetivo era frenar y luchar contra los abusos de la aristocracia a favor del Pueblo, mediante asambleas con el fin de sacar iniciativas populares destinadas a la mejor distribución de las tierras, el alivio de las deudas de los más pobres y a favor de la mayor participación democrática del grueso de la población. Entre sus ardientes defensores encontramos algunos Gracos, Catilina, Marco Livio Druso, y sobre todo a Julio César, enfrentados al partido aristocrático de los optimates encabezado por Cicerón.

Visto los miembros de los populares, y que uno al menos termina con la República de forma efectiva y definitiva, instaurando el Imperio, podemos sacar como conclusión que el populismo permite al que lo lidera hacer esto y lo contrario, ya que es la figura hegemónica que lucha por el bien del Pueblo, decidiendo él y solo él, cuál es ese bien.

Asimismo son épocas de crisis las que favorecen la llegada al poder de estas personas a lo largo de nuestra historia, tras los nudos de dificultad que encuentra la participación paritaria, aparece una dictadura o Tiranía para resolver a base de cortes poco certeros los embrollos, y de paso crear otros mucho más graves.

Seguimos la senda de sociedades incultas donde el Pueblo era ignorante e iletrado, una vez puesto eso en el armario de los recuerdos, de forma ignominiosa nos atrevemos a comportarnos de la misma manera, ya que el Capitalismo ha tenido al menos un éxito, reducirnos de forma miserable a la categoría unificadora de consumistas compulsivos.

La generación más formada se atreve a llamar a la puerta de la ignorancia histórica, como si no hubiese aprendido nada, de los reduccionismos y de su triste cualidad, la exclusión total de ciertos grupos, y digo total, refiriéndome a su aniquilación efectiva, en nombre del Pueblo ese que en Alemania se quedó callado e inerme ante la eliminación de parte de su ciudadanía, ya que el Líder había decidido que la realidad era distribuible entre puros e impuros, dignos e indignos.

Pero esta vez, ese pueblo que vota como entonces a la solución final, no se va a ir tan de rositas, ya que muchos escribirán en contra de los líderes, pero algunos lo harán en contra de la mayoría que los han llevado al poder.