¡Qué malo es el capitalismo!

Al pasar por una tienda de comics he visto un letrero que anunciaba el regreso de Carlos Marx. Lo que nos faltaba, pensé. No era sólo la extraña asociación entre los tebeos y Marx, que ya tiene miga, sino lo que podía implicar: que el marxismo vuelva a tener predicamento al socaire de la crisis. Esto sería una recaída, y una recaída en el error, que no extrañará mucho a quien fuera devoto de la “religión” marxista, pues es el primero que sabe de su fatal atractivo, igual que es uno de los que más sabe de sus no menos fatales consecuencias.

Luego me he enterado de que se publicó el “Manifiesto Comunista” con ilustraciones y que fue el libro más vendido en la Feria del Libro de Madrid de hace dos años. Poco antes, en Alemania, un editor volvía a sacar “El Capital” y se vendía como churros. Por lo visto hay gente que espera encontrar en esas obras de hace más de siglo y medio las claves de la crisis actual, en lugar de en los muchos y buenos libros que se han dedicado a ella. Imagino que acuden a Marx de oídas, ignorando que de haber sido ciertas sus tesis, “la crisis final” del capitalismo se hubiera producido hace mucho tiempo y por razones distintas. Y que ignoran también, esto es más grave, los resultados de las ideas marxistas cuando pasaron del papel a la vida misma.

Bien mirado, este retorno de Carlos Marx es un eterno retorno. El descontento con la economía de mercado y la hostilidad hacia ella son antiguos y recurrentes. La crisis de 1929 llevó a muchos a creer en las bondades del comunismo y de la economía centralmente planificada de la Unión Soviética. El comunismo tenía el aura fascinante de las utopías que prometen hacer realidad el paraíso en la Tierra, y provocó la miseria, las hambrunas, el trabajo esclavo, el gulag y la muerte de millones de personas. El capitalismo no promete la sociedad perfecta ni la felicidad absoluta: es un mecanismo que produce un crecimiento económico que acaba beneficiando a todos, aunque sufra cada tanto un revés por una crisis.

Yo dudo mucho, no obstante, de que el marxismo regrese. Los más de los que hoy braman entre nosotros contra el capitalismo sólo conocen a Marx por la caricatura. El autor de “El Capital” es demasiado sofisticado para esos tertulianos que arengan en la tele contra el mercado, contra la codicia o contra lo que sea, buscando el aplauso del público. Son charlatanes populistas que vindican a un Marx de tebeo. Justo por eso es más fácil que calen sus simples guiones de buenos y malos en un momento de dificultad y confusión. Pero recuérdese esto: no es que no haya alternativa a la economía de mercado. La hay, sí, y es mucho peor.

Cristina Losada