El poder y la información no se comparten (1)

Juan Núñez es un español afectado por la crisis que intenta desde hace meses saber si en su barrio en Madrid hay suficientes niños para rentabilizar una Ludoteca. Ha recurrido al ayuntamiento, al Instituto de Estadística, a la Comunidad y a todas las hemerotecas posibles. No ha conseguido ni un dato fiable. Al final ha tirado la toalla y si quiere arriesgarse debe tomar la decisión fiándose de su intuición y necesidad.

En España la falta de transparencia no es sólo cosa de las grandes decisiones de Estado o concursos administrativos de grandes obras. La zona oscura existe para los pequeños actos administrativos, las empresas, los medios de comunicación (quién está detrás de su capital, qué intereses económicos defienden…) y todo tipo de instituciones públicas. El ciudadano español vive sin tener derecho a saber de forma simple y accesible el mínimo detalle que afecta a su vida en sociedad. Aún más. Las ofertas políticas permanentes de facilitar la transparencia sobre cualquier decisión o hecho público se convierten en un enrevesado derecho por el simple motivo de que el promotor de la transparencia y la participación no lo cree y, simplemente, cumple con una obligación impuesta por la galería.

El OpenGovernment (I Congreso celebrado en Valencia los días 21 y 22 de noviembre de 2013) es una realidad en medio mundo, pero del que es ajeno nuestro entramado institucional y por supuesto gran parte de la sociedad civil, incluso aquella que exige a los políticos que sean transparentes. Vivimos en la zona oscura de la gestión pública por la simple razón de que nuestro ADN no contempla la transparencia, por muchas leyes que se aprueben.

1.- EL PODER Y LA INFORMACIÓN NO SE COMPARTEN

En su búsqueda de documentación Juan Núñez se ha encontrado mil recortes de prensa hablando de las visitas que los concejales hacen a su barrio, de cortes de tráfico porque van a asfaltar un tramo de calle, del compromiso municipal para construir un centro cívico dentro de cinco años y de que antes del verano que viene arreglarán unas instalaciones deportivas muy deterioradas. Pero ningún banco de datos fiable para recopilar los datos que necesita. No existe conciencia de OpenGovernment en la administración o las instituciones españolas porque no hay conciencia de que el poder hay que compartirlo.

Los medios de comunicación contienen permanentemente muchas noticias de su barrio, pero son clónicas. Como ha hecho mucho trabajo de hemeroteca buscando los datos que necesita se ha percatado que cada mes la publicación de esas notas es cíclica. El anuncio del asfaltado se ha publicado cuatro veces en un diario importante.

Ha acudido varias veces a las oficinas de la Junta de Distrito, pero amablemente le han pedido que rellene unos cuantos impresos a ver si le encuentran los datos. Un funcionario complaciente le ha dicho que el problema es que los datos deben estar en alguna oficina, pero que no saben decirle dónde. La información existe. Hay voluntad de pasársela. Pero ahí queda la cosa.

También ha ido a la Cámara de Comercio para asesorarse sobre la empresa a montar, posibles líneas de crédito, impuestas y esas cosas. Pero le ha pasado lo mismo. Le han prestado atención e interés por su idea. Le han dado folletos. Teléfonos. Pero todos eran datos pasados de fecha. Y cada duda vuelta a la cola para hacer la pregunta. Ha conseguido más información preguntando en Facebook que en la Cámara o el ayuntamiento.

El ciudadano Juan Núñez ha escrito una carta al concejal del distrito. Pero nadie le ha contestado. Ha llamado por teléfono a ver si así conseguía que alguien le dijera por dónde están estos datos, pero le han dicho que el concejal está muy ocupado. Que hable con el gabinete de prensa, a ver si le consiguen los datos. También le han remitido a la Web, pero ahí sólo hay material antiguo y los discursos del concejal.

Lo mismo que le pasa al ciudadano Juan Núñez le pasa a un agricultor valenciano que quiere arrancar su campo de viejos naranjos para plantar una variedad nueva que se llama Furer. Tiene los planteles, la patente y el conocimiento para hacer la plantación y los cerramientos, pero le faltan datos sobre el mercado. ¿Le va a salir la inversión a cuenta?

No hay ningún sitio dónde consiga información fiable. En la Conserjería de Agricultura le dicen que las exportaciones de cítricos van muy bien y que hay unas líneas de crédito para ese negocio. Pero no hay repositorio donde encuentre tendencias de consumo, mercados ideales para esta variedad, etc., Como a Juan Núñez también le dicen que estos datos están en algún lado, pero no son públicos o nadie sabe cómo encontrarlos.

Le es más fácil a Obama enterarse de los secretos y conversaciones del presidente del Gobierno español que a Juan Núñez o al agricultor conseguir unos simples datos estadísticos de un barrio de su ciudad o del mercado. Es la opacidad de la administración española, pero también de cualquier institución, sindicato, empresa pública, patronal, iglesia o asociación.

2.- FILTRACIÓN FRENTE TRANSPARENCIA

Lo curioso es que mientras la transparencia es una exigencia nunca conseguida en corporaciones municipales y cualquier otra institución política, las filtraciones interesadas con datos confidenciales llenan las páginas de periódicos y otros medios de comunicación.

En España se filtran las investigaciones policiales, las preguntas de un juez en un sumario secreto, los costes de un submarino y las comidas entre un político y un empresario de postín. No es por transparencia, ni atendiendo a la colaboración con la ciudadanía, es simplemente que a alguien le interesa que algo se sepa, que un dato circule, y la cena empresarial es filtrada adecuadamente adobada. Filtración interesada sí, pero transparencia no.

Para que un concejal o diputado de cualquier partido consiga unos datos más menos relevantes sobre la gestión y decisiones del gobierno de turno debe pasarse semanas pidiendo, anunciando denuncias y al final no los tendrán todos. ¿Hay algún político o institución que piense que su administración debe ser tan transparente que todo debe estar colgado en internet? A lo mejor alguno lo piensa, pero lo que piensan es en utilizar la petición del dato para denunciar la falta de transparencia. Por supuesto, cuando ese dato se consigue ya no tiene utilidad alguna. El fuero y el huevo.

Por todo eso hace un año Juan Núñez montó la ludoteca y tuvo que cerrar a los seis meses porque en su barrio no había bastantes niños para mantener el negocio. Todo estaba correcto. Tenía clientes. Las madres estaban contentas. Pero resulta que es un barrio con una edad media de 50 años y apenas hay niños para un centro de este tipo. Si hubiera tenido la información en tiempo y lugar no hubiera sabido que su negocio no iba a tener clientes.

Y por eso el agricultor se la juega cuando apuesta por una variedad de naranjas. O el concejal acaba navegando con argumentos demagógicos, porque sabe que los datos que lo desmientan están escondidos en algún cajón.

Los gobiernos e instituciones españoles en cualquiera de sus niveles mantienen con el ciudadano los mismos sistemas de comunicación que hace años cuando Larra escribió aquel famoso artículo de “Vuelva usted mañana”. La estructura administrativa, la institucional y hasta la societaria no entiende que la información para tomar decisiones es propiedad de los ciudadanos, aunque temporalmente esté en manos de una élite.

Cierto que ahora el funcionario sabe que debe prestar más y mejor atención al ciudadano, pero la estructura de la comunicación no ha variado. Como mucho el político o cargo público de turno facilita notas y ruedas de prensa, da entrevistas y paga unos anuncios en la prensa local. La jerarquía sigue siendo un grado. Hablemos de por qué no quieren el OpenGovernment nuestros políticos y líderes.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es