Valencia Fashion Week, el principio del fin

La Semana de la Moda de Valencia, más conocida como Valencia Fashion Week, acaba de inaugurar su decimosexta edición con un cambio radical en su estilo. Deja atrás su edificio fetiche, el Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, para repartir sus desfiles en varios puntos clave de la capital del Turia. Lo que puede parecer un acto de renovación no es más que una solución desesperada de llevar adelante un desfile que ha marcado un antes y un después en el sector de la moda valenciana.

IMG_7351 No se puede negar el espíritu luchador del evento, que año tras año ha sabido superar los problemas de financiación y conseguir que los desfiles salieran adelante. Esta vez la voluntad y la imaginación de los organizadores han dado un paso más allá y al más puro estilo Chanel en el desfile de París, han llevado la Semana de la Moda a las mismas puertas del Mercado Central de Valencia.

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Entre cajas de naranjas y repartidores de mercancía tuvo lugar el primer desfile de esta edición, de mano de Guillermo del Mar y su colección ‘LBD’, unas prendas estupendas y muy femeninas llevadas con gran elegancia por las modelos que superaron todo un reto el primer día: desfilar ante decenas de personas subiendo y bajando escaleras, tanto del autobús que las llevó a la presentación como del acceso al Mercado Central, convertido en pasarela durante apenas unos minutos. Una forma de democratizar la moda y acercarla a la gente de a pie a la vez que se recortan gastos de alquiler de local. Una estrategia sublime.
Pero esta misma estrategia es un arma de doble filo: al prescindir del buque insignia del Ágora para los desfiles, se ha recurrido al Museo de la Ciudad como sede para los mismos, un espacio que no permite la entrada de más de 120 personas, 200 como mucho. Las acreditaciones eran el objeto más buscado durante esta primera jornada tanto por periodistas como por bloggers. Los comentarios de desagrado y descontento se escuchaban como hilo musical de fondo durante el desfile de Del Mar, e incluso algunos fotógrafos aseguraban que en esta edición harían varias fotos “para cubrir el cupo” y después olvidar el tema.

Incluso los bloggers, los eternos ‘mimados’ en estos desfiles –recordemos que VFW apostó muy fuerte por la relación de los bloggers con el mundo de la moda valenciana- se quedaban estupefactos al conocer que sólo tenían acceso a un desfile en todo el certamen. “Menuda tomadura de pelo” comentaban entre ellos. Una sombra que desluce el arranque de esta nueva cita con los talentos del diseño en la ciudad.

 

Presupuesto menguante

Ya en la pasada edición, el director ejecutivo Álex Vidal anunció la gravedad de los problemas de financiación del evento: si para la XV VFW el presupuesto era de 250.000€ -30% de capital público y el 70% restante privado- para la edición actual siguen “bajo mínimos”: de los 200.000 euros de que disponen, 100.000 han sido cedidos por la Conselleria de Cultura para todo el año y los otros 100.000 esperan conseguirlo con el patrocinio, una cantidad que todavía no han recibido.

Valencia Fashion Week en esta edición pelea no sólo por dar visibilidad a los nuevos talentos de la costura valenciana –en su día sirvió como plataforma de lanzamiento de actuales diseñadores de renombre en nuestro país como Miguel Vizcaíno o Siemprevivas– sino por su propia supervivencia, amenazada no sólo por la falta de financiación sino por la pérdida del que hasta ahora era el capitán del barco VFW, Álex Vidal, el cual anunció en rueda de prensa su voluntad de dejar la dirección del certamen.

La Semana de la Moda valenciana celebra estos días su momento álgido entre telas de gasa y satén, consciente de que su existencia pende de un hilo: la tercera gran pasarela nacional –por detrás de Madrid y Barcelona- se ha aferrado a su lema y lo lleva a cabo a rajatabla, reinventándose y reciclándose al igual que los jóvenes a los que busca impulsar. Solo queda esperar que el sucesor de Vidal mantenga este espíritu luchador y podamos seguir disfrutando de la calidad y el trabajo de los jóvenes artistas valencianos en un desfile tan nuestro como los monumentos de cartón-piedra que en unos días invadirán las calles de toda Valencia.