El Hombre del Calendario

Julian Day era un hombre obsesionado por los números y las fechas. También por la tortura psicológica y el crimen, que fue escalando en intensidad y en su componente macabro con el paso de los años. El Hombre del Calendario nunca fue uno de los enemigos más formidables de Batman, pero sí uno de los más previsibles. Fechas. Días. Momentos. Ahí estaba él.

Julian Day, cuya espiral criminal giraba en torno al calendario, habría enloquecido sin dudar en caso de haber morado en Valencia y no en Gothan City.

Hemos alcanzado el punto de relativizar el drama -que ya de por sí es relativo- y de convertir lo de las fechas estimadas en el proceso de venta del club en un chiste recurrente. Primero se fijó “finales” de diciembre como primer hito a cumplir; luego, el 15 de enero como plazo para finalizar la Fase I de la venta, aquella en la que las ofertas no eran vinculantes. Peter Lim llegó un 22 de diciembre y se marchó un mes después, papelito mediante, a esperar entre bambalinas.

El Hombre del Calendario hubiese pasado un mal trago apuntando nombres y cargos, fechas y sucesos importantes que supuestamente debían ocurrir. Del 15 de enero saltamos al 24 de ese mismo mes. Parece que haya pasado una eternidad, pero apenas hace cuatro semanas que Salvo atizó con todo al banco al que su club le debe 310 millones en una histórica asamblea informativa. Un movimiento audaz y valiente, algo irrefutablemente osado para quien no tiene la sartén por el mango pero que lucha cada jornada por hacerse con ella.

Un par de reuniones del Patronato después y nos plantamos en el 12 de febrero, día en el que de nuevo el proceso estuvo a un paso de ir por los aires. Entremedias, comunicados de Bankia, entrevistas a Goirigolzarri y amagos de tirar la toalla por parte de Aurelio Martínez. Charlas ‘soto voce’, chismorreos de peluquería e inversores ocultos en las sombras por temor a la reacción de la masa. Conscientes, quizá, de que en estos tiempos oscuros de decepción y desconfianza cualquier fichaje de estrella mundial bajo el brazo otorga a un comprador más credibilidad que dos montañas de papeles con cuño y membrete.

Vueltas en círculo para acabar cerca de la casilla uno como un grupo primerizo de exploradores en pleno bosque. El proceso de la venta del Valencia es ese conductor nóvel que se monta por primera vez en un coche: transita adelante despacio, entre acelerones impredecibles y frenazos súbitos. Las partes no son capaces de alcanzar un entendimiento, aunque la predisposición en todos los casos no es la misma. Podría sonar esto último a comentario gratuito desde un púlpito, pero es información pura y dura.

Alcanzamos la última fecha: 24 de febrero, como insistió un Aurelio Martínez excesivamente optimista cuando le tocó comparecer ante la prensa hace dos semanas. Por si acaso, dejó abierta la puerta al “3 de marzo” como alternativa. Ni una, ni la otra. Cuando prácticamente todos aquellos involucrados en las negociaciones insisten en no decirle la verdad ni a su médico de cabecera, es complicado alcanzar un consenso. El bloqueo se mantiene a esta hora y, una vez la tubería se destapone -si lo hace-, el fluir del agua tardará un tiempecito en regularse.

En el horizonte, dos fechas más que pueden ser relevantes en este drama: 21 de marzo, Junta de Accionistas de Bankia en el Palacio de Congresos de Valencia; y 26 de marzo, vencimiento del préstamo de 200 millones de Bankia al Valencia, aunque el club puede prorrogarlo unilateralmente seis meses más.

La estimación de los que mejor conocen los entresijos del proceso es más allá de Fallas. Principios de abril, incluso. Los valencianos somos únicos en dilatar las cosas, por muy importantes que sean. Dilatamos por encima de nuestras posibilidades. Por fortuna, la pelotita entra y la urgencia del aficionado medio ha decrecido en los últimos días. Pero la imposibilidad de ceñir el proceso a unos plazos, a una hoja de ruta definida, incide en la triste lectura de que la venta del club se está convirtiendo en un cachondeo de proporciones bíblicas. El Hombre del Calendario, por si acaso, ya desgrana los días de Pascua.

 

Paco Polit (@pacopolit)

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