La gran esperanza fallida

Algunos futbolistas sorprenden por su prematuro desparpajo, llaman poderosamente la atención desde que aparecen en los grandes escenarios y se erigen en promesas a las que se les augura un futuro de lo más prometedor. Después, el tiempo ejerce de juez inexorable y se encarga de confirmar o de negar el vaticinio. Algunos jugadores justifican los elogios y ratifican las expectativas, mientras que  otros, por el contrario, las defraudan y se quedan, por las razones que sean, en simples aspirantes.

La irrupción de Sergio Canales en el Racing de Santander supuso toda una revelación en su momento. Era la joya de la corona, con apenas 18 años, dejó boquiabierta a la cátedra por su innegable talento y un atrevimiento seductor. Una actuación estelar suya en el feudo del Sevilla con gol de bandera incluido, acaparó todas las miradas y, de repente, nació la estrella. El Valencia ya lo había seguido y disponía de informes que recomendaban su contratación. Álvaro Cervera se lo había dicho a Juan Cruz Sol y faltó muy poco para cerrar el fichaje antes de su fulgurante presentación en sociedad. Luego, la cotización se disparó y la operación se rompió, el Madrid puso los millones y se llevó a la figura en ciernes.

Su paso por el Bernabéu fue tan fugaz como discreto, la inadaptación a un entorno tan peculiar como el del club madridista hacían pensar que Canales, en otro ambiente y con un entrenador que no se apellidara Mourinho, podría demostrar su auténtica valía. Y ahí apareció el Valencia de Unai y Llorente, dispuesto a ejercer de trampolín. El Madrid se reservó la opción de repesca por si las moscas, pero ese comodín se ha quedado en el bolsillo. Tampoco ha sido Mestalla el lugar apropiado para relanzar la carrera del cántabro. Entre las lesiones, la falta de continuidad y otras circunstancias que hay que poner en el debe del jugador,  la ilusión por asistir a su renacimiento futbolístico se han truncado.

Durante el excepcional período de Ernesto Valverde al frente del club valencianista, se disfrutó de la mejor versión de Sergio Canales. La alegría de su juego desenvuelto, el sentido de la verticalidad y su capacidad creativa devolvieron la fe a quienes seguían apostando por su renacimiento. Luego vino un nuevo eclipse que ha situado al jugador en una incómoda posición, decidido a buscar un nuevo destino. Pizzi parece dispuesto a abrir la puerta y permitir su salida. No le convence lo que ha visto desde su aterrizaje, no acaba de encajarle en sus esquemas y, sin que se le pueda negar la calidad que atesora, el fútbol exige superación y sacrificio, aunque Canales esté más por la labor de cambiar de aires.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

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