A la caza de los culpables

Los malos resultados para PP y PSOE en las pasadas elecciones europeas han comenzado ya a cobrarse cabezas a distintos niveles. Es necesario buscar un culpable para que capitalice la derrota y conseguir que el partido se vea así liberado de responsabilidad. Al mismo tiempo, los partidos buscan también caras nuevas, para lanzar al electorado un mensaje que cuesta de creer: nos hemos renovado.

Así ha ocurrido en el partido del puño y la rosa, con un Rubalcaba que durante estos últimos meses había perdido visibilidad y trascendencia mediática. Si algo demuestra el fenómeno de Podemos, partido que se alzó con 1,2 millones de votos en las pasadas europeas, es que la gente está harta de los de siempre. Quiere mensajes y voces nuevas. Por eso la Política no debiera ser una profesión donde jubilarse sino, simplemente, un lugar donde servir a la ciudadanía durante un tiempo limitado. No eterno.

En el PSOE andan en eso. En buscar quien será el sucesor (o sucesora) de Alfredo. Hay consenso entre los barones territoriales al señalar que si la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, quiere asumir la responsabilidad, se le pondrá una alfombra roja en Ferraz y se le deseará suerte en este reto.

Algunos dirigentes del PSOE valenciano bromean diciendo que en las sedes socialistas ya se está enseñando a bailar flamenco, por si hay que quedar bien con la presi. Pero todo parece indicar que, con los excelentes resultados cosechados, y tras ganar el PSOE andaluz en un 90% de los municipios de la autonomía, Díaz se quedará donde está, salvo que, -tesis que está cobrando fuerza las últimas horas-, pueda compaginar dos cargos: presidenta de la Junta de Andalucía y Secretaria General del PSOE.

También andan buscando culpables en el PP valenciano. El partido ha declarado públicamente responsable a Serafín Castellano, al que ahora le buscan un hueco que parece no será en la Delegación de Gobierno. Ya es sabido que Fabra juntó a Rita Barberá, a Rus y a diferentes barones territoriales para buscar un consenso en torno a la figura de Isabel Bonig, ‘la Tatcher’ del PPCV.

La estrategia de culpar a una persona de todos los males funciona, sobre todo en las cúpulas y los cuadros dirigentes de los partidos. De puertas para adentro, vamos. A la gente de a pie en realidad le da igual quién es el secretario general de un partido, pero es cierto que ubicar en el PP a Bonig y renovar el rostro de la voz del Consell con María José Català ha sido un acierto. Por varios motivos.

Una y otra han sido Alcaldesas de La Vall d’Uixó y de Torrent, en el caso de Català. Los ayuntamientos, la administración más cercana al ciudadano, son un máster en relaciones institucionales y sociales. Ningún cargo del partido debería acceder a puestos de responsabilidad sin haber pasado antes por la escuela de los ayuntamientos. Porque da tablas, genera complicidades y proporciona herramientas para conciliar conflictos, uno de los merecidos reconocimientos que le adjudican a la hoy consellera portavoz del Consell.

Y, por si no había poca complejidad política, el rey abdica en su hijo. Debería haberse ido ya semanas después del escándalo del pobre y tristemente famoso elefante. Pero las cabezas pensantes de la Casa Real, viendo lo que se les venía encima con las declaraciones judiciales de Urdangarín y su mujer, y líos varios de faldas y princesas, decidieron también posponer la marca de Su Majestad para que se fuera como el héroe de la Transición, que supo pedir perdón a los españoles.

O mucho me equivoco, o Felipe VI no lo va a tener nada fácil. Accederá al cargo sí, pero por mucha cuenta de Twitter que pongan en marcha, por mucha apertura y transparencia en las cuentas de la Casa Real… La Monarquía encaja cada vez menos en este siglo XXI. Vale que Felipe ha recibido una buena formación académica, que usted y yo hemos pagado con nuestros impuestos, pero… ¿queremos realmente una monarquía? ¿O es tiempo de terminar con las estructuras medievales de poder?

Fernando Alabadí

Director de El Meridiano L’Horta

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