Cerramos, pero ¡Volveremos!

Por Vicente González-Lizondo. Hace poco cerró Muñecas Marín, reconocida mundialmente por la fabricación y distribución de figuras flamencas y taurinas para guiris, una empresa familiar, una mas de las miles de pymes que se han evaporado en estos últimos años.

Este hecho esta azotando el país, vaciando los polígonos industriales y llenando los juzgados al mismo tiempo que los bolsillos de los abogados. Resulta traumático y a muchos afecta; empresarios, trabajadores, proveedores, clientes, acreedores.

Pero quiero centrarme en el empresario, el que paga, el autónomo, el emprendedor. Este ser, que en la mayoría de casos se ve en la calle endeudado y sin paro. El empresario de una pyme es ese señor o señora que a nivel de calle es el -jodio jefe-, a vista de los sindicatos -el opresor- y a nivel político esta metido en el mismo saco que los componentes del ibex 35. Aunque hayan supuesto el sustento del país, nunca se les reconoce. Estamos hablando de todos los oficios que acaban en -ero o en -ista, de comercios y manufactureros, 97% del sostén de la economía.

Cuando se pierde una empresa, entras en una fase de no aceptación, igual que cuando pierdes un ser querido. Intentas analizar el porqué si has seguido los pasos que te han marcando profesionales, consellerias o moncloa; invertir en I+D, modernizar y automatizar procesos, exportar, planificar tesorería, amortizar puestos de trabajo, esto último lo mas duro, algo que te quita años de vida al tiempo que descapitaliza la empresa. Y tras hacer tus deberes, entonces es cuando pierdes tu negocio. Piensas que no es justo y crees ser un idiota por hacer caso a lo que desde un despacho o un hemiciclo te han vomitado gente que no pisa la calle, que no viven en el mundo real y que si lo tuvieran que hacer, encabezarían las listas del paro. Y pasas a la fase depresiva, te sientes mal, no
tienes ganas de nada, piensas que eres el culpable de todo, te planteas irte del país, trasladar tus negocios.

Incluso muchos empresarios se abandonan, dejan de vivir, pues solo se vive mientras luchas y la ocasión desgasta tanto que puede con cualquiera. En este momento hay una sub fase de rabia contenida y dan ganas de hacer alguna locura, pero sabes que la cólera solo es una ráfaga de viento que apaga la llama de la razón. Por último, haces un ejercicio de reflexión y analizas lo ocurrido, empiezas a entender que en realidad el éxito o el fracaso nunca estuvo realmente en tus manos, ¿como generar mercado? Cuando cada vez hay menos consumidores, ¿como pagar las inversiones? Cuando los bancos solo te prestan dinero si puedes probar que no lo necesitas. ¿como controlar los gastos? Cuando el mayor porcentaje resultan ser impuestos. ¿Como ser competitivos?.

Cuando competimos contra paises de bajo coste ¿Como financiarte? Cuando tienes que adelantar el pago del IVA antes de haber cobrado. Nadie es culpable cuando todos desatinan. Los empresarios valencianos se miden ante la adversidad. Y a pesar de los esfuerzos de nuestros políticos, es difícil acabar con nosotros, el aguante esta impreso en nuestro ADN.

No empezamos nunca una revolución, no nos manifestamos, simplemente continuamos. Pero llegará el día que formemos
parte y solo entonces empezarán a mejorar las cosas. Ahora cerramos por su culpa, pero volveremos gracias a todos los demás.