Cine a 2,90 ya y para siempre

Hoy, para variar, quiero hablar de cine. Aprovechando que “se acaba la fiesta”, -parafraseando aquella célebre frase de González Pons-, quiero reclamar lo que es evidente: señores propietarios de las salas de cine, si durante tres días han pasado por sus 350 locales casi 2 millones de personas, -6 veces más de lo normal-, es que la gente está dispuesta a pagar 2,90 euros por una entrada. No 3,90 euros, ni 5, ni 6, ni 8 euros.

¿Por qué las entradas no cuestan siempre 2,90? Es verdad que muchos cines están haciendo promociones para que podamos ver películas un día a la semana por 3,90 euros. Pero si la recaudación en taquilla no para de bajar en España, es porque el cine es caro. Y más si se compara con nuestros salarios, -pero eso es otra Historia-.

Es verdad que la subida del IVA cultural es intolerable. Sí. Pero llorar sin consuelo y no hacer nada, no es la solución. Por eso no entiendo por qué la Fiesta del Cine quiere celebrarse con carácter semestral, en lugar de anual. La Fiesta debería ser todos los días. Y no cada 6 meses.

Hablemos de los piratillas que trabajosamente se descargan de forma ilegal películas. O peor aún, de quienes las compran en el top manta. Si usted lee esto, no me negará que alguna de éstas ha visto. Cuando al que está grabando la película no se le cae la cámara, se escucha toser al de al lado, o se ve borroso.

Y pensemos ahora en clave económica. Una parejita se planteará: ¿nos compramos ‘Ocho apellidos vascos’ por 5 euros en el Top Manta de enfrente del cine?, -al que yo voy, en pleno centro de Valencia, le hacen la competencia en la mismísima puerta-; ¿O pagamos 80 céntimos más y la vemos en la gran pantalla? Es evidente que por menos de un euro, nadie se arriesgará a comprar a saber qué película, y a saber con qué calidad. Además vaya usted a saber a qué mafia irá finalmente su dinero.

Que nadie se equivoque. En este problema, todos tienen parte de culpa. Todos menos el consumidor, que al final es quien paga. O como es el caso que nos ocupa, quien no paga. El cine debe ajustarse también a la ley de la oferta y la demanda.

¿Por qué no hacen como algunos supermercados?, ¿por qué no ponen a 2,90 las sesiones con menos gente, los domingos por la mañana, por ejemplo?, ¿o por qué cuando una película va a quitarse ya de cartelera o registra escasa afluencia, no la ponen a dos euros?

Plataformas como ONO tienen a la venta, a golpe de mando y desde casa, películas por 2, 3, 4 y 5 euros, dependiendo de lo reciente que es el estreno. ¿Por qué no hay películas más baratas que otras? ¿Por qué?

No servirá de nada, pero yo reclamo el cine a 2,90 ya y para siempre. Para que nadie tenga que decirnos cuando se acaba la fiesta.

Fernando Alabadí Campos
Director El Meridiano L’Horta
@MeridianoHorta @fernandoalabadi
www.elmeridiano.es