Los funcionarios y el sexo

No es ningún secreto que la “casta” (cuánta falta le hacía al mundo que se inventase esa palabra) funcionarial, generalizando que siempre es ser injusto, es manifiestamente mejorable. Años de acomodamiento, de falta de exigencia y quizá de control, han provocado que, con mayor o menor injusticia, haya una sensación relativamente generalizada de que, “el tema de los funcionarios hay que arreglarlo”.

De toda la vida de Dios (perdón por lo de Dios) en España (perdón por lo de España) ha habido funcionarios, unos más trabajadores que otros, pero haberlos los ha habido. Lo único que ha ido cambiando a lo largo de los años, ha sido la manera de acceder a tal condición, ya saben, a veces funcionarios de carrera, otros por oposición, que si con los puntos, la bolsa de trabajo, la plaza fija, las sustituciones, los interinos, el personal laboral…en fin, todo el tinglado este de nombres, tipologías y demás mandangas.

Hay que arreglar el funcionariado, hay que diseñar un sistema justo, universalmente justo, uno que corrija la desviación de los últimos años, que termine con los nombramientos a dedo de funcionarios, con los pucherazos que han generado esta estructura trasnochada y febril, estos burócratas, hijos de familias pudientes, que han discriminado a los demás, evitando el correcto desarrollo humano.

Pablo Iglesias tiene razón, es necesario establecer un baremo realmente justo para acceder al empleo público, puesto que estamos ante la generación mejor preparada de la historia, basarse en los procesos de valoración de candidatos más justos posibles, además, por supuesto, será necesario acreditar los méritos.

Se imaginan que apareciese algún preboste, un genio entre los genios, una persona de estas que destaca entre la multitud, que ejerce de ídolo, referente y guía espiritual, una de esas personas tan especiales que con sólo su presencia uno se siente proactivo, participativo, libre, generoso, aliado con otras civilizaciones, no sé, un horizonte al que caminar, una luz que elimine tinieblas, que fuera capaz de determinar un sistema justo, eficaz y eficiente de seleccionar quién accede al empleo público. Se imaginan qué mundo más libre, moderno y justo tendríamos. Sólo de pensarlo se le eriza a uno el vello.

Ya está bien de la cacicada de las oposiciones y los exámenes, herramientas fascistas y opresoras donde las haya, lo que hay que hacer es, tal y como reza el punto 2.11 del programa electoral de Podemos, “garantizar el acceso al empleo público a las personas lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales”.

Dicho en plata, los redactores del programa de Podemos se refieren a que, si a un señor le gusta apretarse a otros señores, plaza de funcionario, si a una señora le gusta retozar con señoras de buen ver, pues plaza de funcionaria, si usted se llama Juanita y antes era Manuel, plaza de funcionario o de funcionaria, como usted prefiera. Si el candidato disfruta con señores y señoras por igual, plaza de funcionario y si es intersexual, especialmente si es intersexual, plaza de funcionario (por cierto le ahorro buscar intersexual en la RAE porque ya lo hice yo, intersexual es lo que antes llamábamos hermafrodita). Lo que no tengo muy claro es la metodología de acreditación de estos méritos ante el tribunal, es decir, cómo demuestra uno que le gusta apretarse señores, o que los señores le aprieten. O cómo demuestra una que disfruta de compañía femenina. Tampoco tengo muy claro cómo se demuestra la intersexualidad, aunque me hago una idea. ¿Ven? Lo de antes ser Manuel y ahora Juanita lo veo más fácil. En cualquier caso, al menos yo, qué quieren que les diga, que aunque las cosas sigan estando regular, tirando a mal, tengo el consuelo de que ¡PODEMOS!, cuánto lujo pa diario.