Medios “calientes”

Hace más de 60 años, el gran politólogo y demócrata francés Maurice Duverger nos alertaba de que cuando la sociedad civil estaba amodorrada y como ausente, los medios de comunicación, en vez de estimularla contribuían a aborregarla aún más, y que, en cambio, cuando se encontraba excitada y agresiva, en lugar de calmarla echaban más leña al fuego de la crispación.

Todo eso lo decía cuando todavía no existían los medios calientes, es decir, la televisión, Internet y esa tupida y variada red de difamaciones sociales en forma de mensajes anónimos.

Hoy día, en la que la tele pretende mantener sus audiencias a toda costa y no quedar arrinconada por las redes sociales, sus programas, sus presentadores y sus contertulios se desgañitan en un alarde de provocación y convulsión continua, apelando a los más bajos instintos de los televidentes.

Según aquéllos, todo es blanco o negro, nuestras instituciones no valen para nada, la justicia es inexistente, las acciones callejeras resultan más eficaces que las urnas, las leyes no tenemos por qué cumplirlas y así sucesivamente.

Todo, digo, contribuye al espectáculo, en el que alcanzan más protagonismo los periodistas más chillones, los políticos más radicales y las informaciones más truculentas. Hasta nos permitimos el lujo de condenar a cualquier acusado con ver solo unas breves tomas de su juicio por televisión, mientras que jueces y jurados tienen que dedicarle miles de horas de instrucción, testimonios y vistas en los juzgados.

No sé si los profesionales de la comunicación somos conscientes de todo esto, pero, si la escalada de la agresividad social continúa, puede que llegue un día en que ya seamos incapaces de aplacarla, tal como explicaba el profesor Duverger que sucedía antaño.