El guión más cruel

Este es el artículo que jamás desearía haber escrito. El 1 de mayo del 2014 permanecerá siempre en nuestra retina como un día repleto de tristeza. La mayor desilusión que sufro como valencianista desde que sigo al equipo. Pese a ser ya valencianista en la época de las dos finales perdidas de Champions, no considero haberlas vivido al ser todavía muy joven.

He vivido eliminaciones, he vivido goleadas en el propio campo -el indigno 6-0 en el Camp Nou-, pero jamás nada semejante. Estar tan cerca… Estar ya clasificado para una final europea y que te eliminen en los compases finales y en tu propio estadio es la mayor crueldad que pueda haber.

Fue una noche larga para todo aquel que siente el valencianismo. Una noche de tristeza, contrariedad, enfado, rabia, cabreo, decepción y muchas más cosas. Lo que empezó como un sueño acabó en pesadilla futbolística. La afición se volcó con un recibimiento acorde a lo que esta institución merece y además ayer los jugadores si creyeron desde un primer momento.

Sentí envidia hasta el minuto 93, por todos aquellos valencianistas que estaban llevando en volandas al equipo desde el estadio, y a ellos quiero mandar todo mi apoyo y admiració. Era un partido perfecto, controlado, con 3-0 en el electrónico, pero la injusticia apareció como la villana de la función y, en su ansia de protagonismo, se cebó con el Valencia.

La reacción fue unánime. No hizo falta articularla: todos pensamos lo mismo, al mismo tiempo. “No puede ser, otra vez no”. El Sevilla sin apenas creérselo y con cero convencimiento, logró clasificarse.

Van a ser días largos para el valencianismo. Cuando se supere el mal trago hay que empezar ya a pensar en un Valencia campeón. Siento orgullo por el rendimiento futbolístico demostrado, pero sobre todo por esa afición tan infravalorada fuera de la Comunitat y que hace posible lo imposible. Estamos tocados, pero jamás hundidos. Caerse está permitido… pero levantarse es obligatorio.

Volveremos.

 

Jorge Farrés (@jorgefarres)