El imposible Corredor Mediterráneo

No hace falta insistir en la necesidad, conveniencia y valor del Corredor Ferroviario Mediterráneo para la Comunidad Valenciana y para España. Pero al mismo tiempo hay que empezar a tener claro de una vez que no hay dinero público suficiente (ni en España ni en Europa) para abordar la construcción de esa infraestructura. Solo inversores privados pueden acometer la obra, para explotarla después.

Desde Ferrmed, el ministerio de Fomento de Ana Pastor o la comisión europea se ha cifrado entre 40.000 a 50.000 millones lo que hace falta para el Corredor, lo que con los desvíos presupuestarios al uso nos vamos a los 70.000 millones, que es la cifra que han valorado especialistas en ingeniería y obra pública.

En la situación actual y en la próxima no hay suficiente dinero para acometer esa infraestructura, demagogias al margen. Por eso la ministra Pastor y la Generalitat han asumido el llamado Tercer Carril, que es una solución provisional que mejora las comunicaciones, pero no genera la gran vía de comunicación hacia y desde Europa al Mediterráneo.

Incluso esta alternativa, prevista para entrar en marcha en 2015, ya está resultando difícil de acometer, tal como ayer decía Ferrmed. Si no invierte el ministerio 800 millones más de los previstos el Tercer Carril se retrasará unos cuantos años más en los tramos de Valencia a Alicante y de Alicante a Murcia. Y si no hay 800 millones, ¿de dónde van a salir los 70.000 millones?

La solución ya se abordó en España hace casi 50 años con la construcción de la Autopista del Mediterráneo por parte del Banco Central. No había dinero público para abordar una autopista por todo el Mediterráneo y se hizo por inversores privados que pasaron a explotarla en la modalidad de peaje. Las derivaciones políticas actuales del tema y la indolencia de los sucesivos gobiernos españoles para acometer una red pública mediterránea de carreteras no afecta a la modalidad de la inversión.

Para aclarar lo de la inversión privada para el Corredor hay que tener claro qué mercancías van a circular por ese Corredor. Habrá naranjas, cerámica, los coches de Ford, las frutas y verduras de Almería y hasta zapatos en dirección a Europa Central. Correcto. Y coches alemanes, bienes de equipo y tulipanes y otros productos desde Europa central hacia el Mediterráneo. Correcto. Pero ese trasiego de mercancías no justifica la brutal inversión. Nunca se amortizaría la obra. Ni siquiera socialmente.

El Corredor Mediterráneo es una obra destinada a la entrada de mercancías de Asía hacia Europa y de Europa hacia Asía. De esta manera adquiere valor para los puertos de Valencia, Sagunto y Barcelona, frente a los del Atlántico. Todos los superbarcos que llegan por el Canal de Suez al Mediterráneo no haría falta que siguieran hasta el puerto de Róterdam para descargar. O al contrario. De España por el Canal de Suez hacia Oriente. Por eso la oposición de una parte de la Comisión Europea al Corredor Mediterráneo. Esa es la gran razón de ser de la infraestructura por España.
Y por eso hay inversores privados interesados por construir y explotar la obra, si dejamos de mirarla como una infraestructura para exportar sólo naranjas y los coches de Ford, que también. Es tal el volumen a mover por ese corredor ferroviario de transporte que su explotación sería un negocio, que además tendría su repercusión en la Comunidad.
Pero como en todo hay que abandonar las políticas de campanario y realizar apuestas grandes, de futuro y de la envergadura que demanda un mundo globalizado. Aunque claro, ese Corredor dejaría entonces de ser un juguete político y empresarial para andar por casa.

Jesús Montesinos
@jmontesinos