Jugando al despiste

Con la intención de promover un adelanto electoral, el Partido Socialista del País Valencià (PSPV) ha movilizado a más de dos mil voluntarios y militantes (deben ser los únicos que les quedan) en una campaña que incluye la edición de cincuenta mil ejemplares de un periódico, llamado L’Alternativa Socialista, que se ha repartido por las agrupaciones locales, que se encargarán de su distribución a los ciudadanos.

Lo que más me llama la atención del panfleto propagandístico no es el uso del (sub)normalitzat en el que está escrito, eso es algo habitual en el PSPV, sino de la utilización del término Comunitat Valenciana justo en la portada del mismo, como si de repente ya no existiera más el País de las Maravillas, y hubieran descubierto las bondades del término Comunitat Valenciana para referirse a nuestra tierra. Fíjense si es así que desde hace unos años toda la maquinaria publicitaria del partido sustituye las siglas PSPV, o las relega a un segundo lugar, por el juego de palabras “Socialistes Valencians”. Sin embargo, se trata de eso, de un juego para confundir al electorado. Cuando cambien las siglas del partido por Partit Socialista de la Comunitat Valenciana, o Partit del Socialistes Valencians, y cuando vea ondear la señera valenciana en sus mítines, entonces, y sólo entonces, podremos creer que algo está ocurriendo en el seno de la formación.

Por otra parte, el Partido Popular de la Comunitat Valenciana (PPCV) también juega al despiste cuando se trata de sacar su supuesto “ADN valencianista”. Advertía estos días el Presidente de Les Corts, Juan Cotino, que tras la hipotética independencia de Cataluña “se encuentra la anexión de la Comunitat en los països catalans”, consecuencia del Pacto del Tinell firmado por las fuerzas políticas catalanistas y de izquierdas en Cataluña, y que ahora promueve quienes hasta hace poco defendían un nacionalismo moderado, en clara referencia a Convergència i Unió (CIU), afirmando que los valencianos tienen motivos para estar más que prevenidos que el resto de los españoles por cómo les puede afectar el proceso de independencia.

Sin embargo parece olvidar el Sr. Cotino otro pacto que tuvo lugar unos años antes que el que menciona, firmado entre Jordi Pujol y Eduardo Zapalana, en virtud del cual CIU se comprometió a dar sus votos al Partido Popular en el Congreso de los Diputados, a cambio de la creación de un ente académico en la Comunidad Valenciana que se encargara de regular la normativa de la lengua, la Acadèmia Valenciana de la Llengua (deslegitimando a la Real Academia de Cultura Valenciana, de facto el ente normativizador hasta la fecha) y a garantizar la unidad de ésta, lo que hizo la AVL en su famoso dictamen por la que reconocía los dos nombres para designar nuestra lengua: la de valenciano y la de catalán, lo que propició que el catalán tuviera su reconocimiento legal por primera vez en la Comunidad Valenciana. Las bases de dicho dictamen se sentaron en la casa de Joan Rigol (CIU) en Barcelona, entre el propio Rigol, Ernest Maragall (PSC) y Josep Bargalló (ERC) por un lado, y Estaban González Pons (PPCV) por otro.

Menos jugar al despiste y más trabajar por esta tierra.

Vicente Boluda