Una firma con cláusula final

Los presupuestos de 2018, segundos desde la Declaración por la UNESCO, se olvidan totalmente de las Fallas y no destinan un solo euro a nuestra fiesta grande reconocida mundialmenteLos presupuestos de 2018, segundos desde la Declaración por la UNESCO, se olvidan totalmente de las Fallas y no destinan un solo euro a nuestra fiesta grande reconocida mundialmente

La Historia –con mayúsculas-, dicen que se escribe con esa sucesión de hechos e imágenes que acaban impactando a una sociedad y que suponen para la misma un giro, un cambio de rumbo o un antes y un después. Y es evidente que estamos viviendo momentos de grandes convulsiones y consecuencias sociales importantes, bajo firmas que rubrican ese antes y ese después, y que van de las trascendentes de carácter institucional como la de Juan Carlos I a Felipe VI, o las de naturaleza religiosa como la de Benedicto XVI a Francisco I, o las de altas pretensiones políticas como la de Artur Más contestada por la de los Magistrados en el pronunciamiento unánime del Tribunal Constitucional. Firmas para la reflexión, el pensamiento, el análisis o, sencillamente, firmas para la Historia.

Puede ser que en estos momentos esté produciéndose una firma no menos importante en un despacho de algún ilustre fedatario público, donde la redacción de un documento y su inminente firma pondrá fin al mayor embarazo psicológico que ha sufrido el valencianismo deportivo con la compra-venta de ese escudo del murciélago y que identifica a todo un Valencia Club de Fútbol. Puede que en estos momentos este produciéndose la mayor transacción de sentimientos que jamás haya vivido la sociedad deportiva valenciana, trasladándose por parte de Bankia en un sólo documento el sentimiento de varias generaciones de miles y miles de valencianistas, hacia unas solas manos llamadas Peter Lim que, desde hoy, será el propietario y administrador de ese sentimiento que arrastra palpitaciones, alegrías y decepciones que todos hemos vivido en la infancia, en la juventud, en la madurez y en la vejez.

No hubiese querido ser el notario que redactase esa escritura que hoy será rubricada por ambas partes, sencillamente porque aún siendo una minuta la que cobrará por su trabajo más que jugosa, dudo que haya dinero suficiente para redactar primero, y asumir después, la responsabilidad de firmar una clausula final que viniese a decir algo así como… ¨Las partes se comprometen en cualquier caso, a salvaguardar por encima de cualquiera de los precedentes acuerdos y términos de la compra-venta, el sentimiento valencianista que ha pasado de padres a hijos, de abuelos a nietos, de madres a hijas, de generación a generación, desde que en 1919 se fundase un club deportivo que ha atesorado la mayor de las virtudes que un ser humano puede ofrecer por algo inmaterial: el sentimiento de orgullo por unos colores, el sentimiento de satisfacción por una ilusión renovada año tras año, el sentimiento de patrimonio emocional que ha encerrado cada victoria y cada derrota, el sentimiento de valía de llevar la cabeza alta allá por donde se ha ido en España y en el mundo. Ese sentimiento que el ser humano no compra ni vende porque se lleva en el corazón, donde sólo se guarda aquello que no se negocia. Y si lo incumpliesen, quedaría anulada la presente escritura de compra-venta en todos sus términos y estipulaciones con carácter irrevocable”.

No encontraremos esa clausula con toda seguridad, pero que sepan los firmantes que, condiciones financieras aparte, la sociedad valencianista hoy pide y exige que ésta clausula sea respetada por las dos partes, y por las que puedan venir en un futuro. Hoy van a plasmar una firma histórica que pasará a los anales de la historia de éste club que tantas lágrimas y alegrías ha hecho aflorar en grandes y pequeños. Puede que no sea fácil plasmarlas en una cláusula del documento objeto de firma, pero que no dude nadie que Valencia hoy reirá y también llorará. El Valencia C.F. pasa a grabar en fuego ésta fecha para su historia. Ojalá sea su solución financiera, que sin duda la necesitaba y salir de la UCI deportiva en la que estábamos era imperioso. Pero por favor, aunque nadie haya querido plasmar esa cláusula, pido que una firma histórica como la de hoy, de naturaleza mercantil y financiera de dos partes, no borre la pequeña rúbrica de miles y miles de valencianistas que sienten que hoy su sentimiento no puede ser marginado, ni olvidado en esa escritura de compra-venta.

Sencillamente porque los sentimientos que habrían detrás de cada una de esas rúbricas, no encontrarían dinero suficiente para comprarse o venderse. El respeto a una historia y a una identidad, nunca se podrá cuantificar económicamente. Respeten esa clausula no escrita, por favor. Hagan Historia con mayúscula, pero no por encima de los sentimientos, sino basándose en los sentimiento de todos los valencianistas que hubo, que hay y que habrán. Sólo por su recuerdo, merece la pena respetar su escudo. Un escudo de sentimientos.

Félix Crespo.
Concejal de Coordinacion Juridica del Ayunyamiento de Valencia.
Accionista-Abonado nº 2.299