la doble p

Juan Antonio, yo te banco

Hace ya varias semanas, uno de esos debates editoriales con colaboradores se tradujo en una magnífica reflexión de Lobo respecto a la figura del capitán…


Otear el horizonte

Dicen que a veces es bueno dar un paso atrás para poder dar dos hacia adelante. Que ese ejercicio de introspección es bueno para evolucionar….


Se baja el telón

Se viene el insulto final. Con lo deportivo fuera de la ecuación, la lamentabilidad va in crescendo en los últimos días como la piedra gigante…


‘Noventa minuti en Mestalla son molto longos’

Es difícil definir en una palabra el torrente de emociones que embargó a gran parte de los aficionados tras el pitido final. Mirar en dirección al árbitro fue casi instintivo, después del enésimo atraco en territorio hispalense. Que tradicionalmente el Bernabéu haya sido el escenario de las golfadas arbitrales más célebres no significa que los perjuicios no tengan lugar a menudo en plazas menos mediáticas. El esloveno Skomina, desde ayer, se une a la lista de la infamia junto a trencillas como Clos Gómez, Florian Meyer, Tony Chapron, Tristante Oliva y compañía. Lo mejor de cada casa.


Sevilla como principio y fin

Quizá se deba a la alergia, a las mariposas primaverales o simplemente a alguna copa de más, pero en los meses de abril me da siempre por divagar mentalmente e imaginar escenarios hipotéticos, posibles pasados, presentes y futuros alternativos y volar a través de ellos sin las ataduras de la cruda realidad. A menudo esta temporada se ha planteado la cuestión en conversaciones informales: ¿qué hubiese sido de este equipo de haber ganado en Sevilla el 2 de junio de 2013?


“Muy del Valencia”: dos horas en la cola de Mestalla

“Hay que ser muy del Valencia”. Un aficionado sonríe mientras tomamos varias instantáneas de la cola de setenta metros que se prolonga en paralelo a la fachada de Mestalla. Nuestro amigo sonríe mientras a su lado, su colega se ajusta la gorra, se recoloca las gafas de sol y se recuesta en su silla de playa. Hace calor y el sol aprieta. Aún queda un largo rato por delante.


De Valladolid a Coslada

Fue una imagen mental de campeonato. No había entrado la pelota todavía, y mi mente viajó atrás en el tiempo doce años: escenario idéntico, rival diferente, importancia imposible de comparar. Más allá de todo esto, el golpeo fue calcado. Desde las primeras filas de la tribuna de Mestalla, Rubén Baraja observó como Dani Parejo replicaba casi a la perfección un gol que pasó a la historia del Valencia ante el Espanyol, aquella noche de 2002.


Nos lo habían robado

La explosión de júbilo pasadas las once y media de la noche en una velada primaveral en la capital del Turia vino a simbolizar una liberación total, el éxtasis de un pueblo adormecido durante años. El Valencia se metió en las semifinales de una competición continental, y lo hizo con solera y brillantez, sí, pero también con sufrimiento y esfuerzo inagotable.


Amadeo tiene un plan

El público espera expectante el desenlace de la historia. Un juego en el que las etapas se han ido camuflando en forma de fechas tope,…


El orgullo de Moriarty

La galería de villanos de la literatura y el cine está trufada de personajes astutos, zalameros y perspicaces, que podría haber optado por el camino de la luz pero que escogieron la senda del mal porque simple y llanamente la travesía les parecía mucho más entretenida. A vuelapluma surgen los nombres de Hannibal Lecter -ya hablamos de el hace semanas-, el Joker, Mr. Ripley, Lod Voldemort o el que hoy nos ocupa: el profesor James I. Moriarty.


Alberto Fabra y ‘la Décima’

Quiero creer que andaba de cachondeo. Que el vino servido en la mesa era magnífico, de sabor añejo y de fino ‘bouquet’. O que la memoria le ha jugado una mala pasada y el resto de apuntes sobre el tema han quedado en el tintero. Sea lo que sea, resultan verdaderamente bizarras las últimas palabras de Alberto Fabra sobre la venta del Valencia. Bizarras por el ‘timing’, bizarras por la lectura que se puede hacer de ellas.


El Hombre del Calendario

Julian Day era un hombre obsesionado por los números y las fechas. También por la tortura psicológica y el crimen, que fue escalando en intensidad y en su componente macabro con el paso de los años. El Hombre del Calendario nunca fue uno de los enemigos más formidables de Batman, pero sí uno de los más previsibles. Fechas. Días. Momentos. Ahí estaba él.